José Woldenberg Karakowsky en esta obra, estructura a lo que el llama la transición democrática en México en seis temas o periodos identificados por sucesos que de alguna manera marcaron puntos
de inflexión o que fueron de gran trascendencia, dando así el titulo a cada uno de ellos en los capítulos: 1.- La reforma de 1977 y las primeras elecciones, 2.- de la reforma de 1986 a la crisis
del partido hegemónico, 3.- la construcción de las nuevas instituciones electorales, 4.- violencia política, 5.- construyendo la equidad, 6.- la alternancia.
Comienza
haciendo mención que México transitó entre 1977 y 1996-1997 hacia un sistema democrático. Afirma que no se trató de un acto único, sino de un proceso de reformas sucesivas que modificaron
instituciones y condiciones electorales. El autor introduce la idea de que el país pasó de un sistema de partido hegemónico a un sistema plural con elecciones competitivas. Señala que la
transición mexicana se distingue de otros casos latinoamericanos porque se realizó dentro de un marco constitucional vigente. Repara en que esa base jurídica permitió cambios graduales sin
quiebres militares. Menciona que la presión de partidos opositores obligó al régimen a ceder espacios de representación y a desmontar mecanismos autoritarios. Hace énfasis en que esos conflictos
y negociaciones articularon una secuencia de hitos que denomina transición democrática. (pp. 5-8)
1.- Woldenberg aduce que el discurso de Jesús Reyes Heroles en abril de 1977 marcó un parteaguas al reconocer que el endurecimiento del régimen conduciría al autoritarismo y al conflicto, mientras que la apertura permitiría canalizar la pluralidad política (p. 11). Afirma que el gobierno buscaba introducir reformas que garantizaran la unidad democrática del pueblo, reconociendo a mayorías y minorías (p. 12).
El autor menciona que la campaña presidencial de 1976 mostró la ausencia de competencia real: José López Portillo fue candidato único del PRI y resultó electo sin oposición efectiva (pp. 13-14). Repara en que esa situación de “elección sin elecciones” evidenció la necesidad de incorporar legalmente a partidos excluidos como el PCM (p. 14).
Woldenberg señala que el Congreso de 1976 se integró casi en su totalidad por priistas y que el control de la Comisión Federal Electoral aseguraba la hegemonía (pp. 14-15). Hace énfasis en que esa falta de pluralidad política, sumada a conflictos sociales y laborales de la época —electricistas, ferrocarrileros, mineros, estudiantes y colonias populares—, presionó al régimen a abrir espacios (pp. 16-17).
El autor introduce la reforma política de 1977 como válvula de escape: se incorporó a los partidos políticos a la Constitución como “entidades de interés público”, se estableció el registro legal condicionado y se modificó la integración de la Cámara de Diputados para incluir representación proporcional (pp. 18-19). Afirma que con ello se buscaba dar cauce a la oposición dentro de la legalidad y disminuir el riesgo de violencia política (pp. 19-20).
Finalmente, menciona que las elecciones de 1979 fueron las primeras en realizarse bajo las nuevas reglas, permitiendo la entrada del PCM, el PST y otras fuerzas que, aunque pequeñas, lograron representación (pp. 21-22). Woldenberg aduce que este cambio abrió un espacio inédito de competencia, aunque todavía limitado por las condiciones de desigualdad frente al PRI (pp. 23-24).
2.- Woldenberg sostiene que los conflictos electorales presionaban cambios en las reglas, pues la desconfianza erosionaba la legitimidad (p. 36). Afirma que la reforma de 1986 amplió la representación proporcional en la Cámara, pero al mismo tiempo mantuvo el control de Gobernación sobre la Comisión Federal Electoral (pp. 37-39). Subraya que esta ambigüedad generó avances formales y retrocesos sustantivos (p. 40).
El autor recuerda la persistencia de la “tradición del tapado”, donde el presidente designaba a su sucesor sin competencia interna (pp. 40-41). Explica que esa práctica simbolizaba la supremacía priista. Consigna que en 1987 surgió la Corriente Democrática encabezada por Cárdenas y Muñoz Ledo, lo que derivó en la fractura del PRI (pp. 42-43).
Finalmente, Woldenberg documenta que las elecciones de 1988, con denuncias de fraude y manipulación, aceleraron la crisis del partido hegemónico y desembocaron en la creación del PRD en 1989 como alternativa de izquierda (pp. 44-48).
3.- Woldenberg menciona que tras 1988 la pluralidad ya no cabía en el marco del partido único y se requería un entramado nuevo (pp. 51-52). Afirma que la reforma de 1989-1990 creó el IFE y el Tribunal Federal Electoral como órganos descentralizados con consejeros ciudadanos (pp. 54-55). Señala que la expedición de credenciales con fotografía cerró viejas prácticas fraudulentas (p. 55).
El autor recuerda que en 1989 se dieron alternancias estatales: Ruffo en Baja California y conflictos en Michoacán (p. 58). Añade que el IFE organizó sus primeras elecciones en 1991 con diez partidos compitiendo, lo que mostró avances aunque con asimetrías (pp. 58-59).
Introduce los casos de Guanajuato y San Luis Potosí. Refiere que en el primero la crisis llevó a un gobernador panista sustituto, y en el segundo el fraude contra Salvador Nava derivó en la Marcha de la Dignidad (pp. 52-53). Como potosino, reconozco ese episodio como parte de la memoria política local que dio visibilidad nacional a la lucha cívica.
Finalmente, puntualiza que la reforma de 1993 consolidó límites al poder del PRI: nueva fórmula de integración de la Cámara, financiamiento público a partidos y observadores electorales (pp. 54-59).
4.- Woldenberg relata que el EZLN se levantó en Chiapas el 1 de enero de 1994, lo que puso en crisis al sistema en plena entrada del TLCAN (p. 69). Señala que tras doce días de combates, el gobierno decretó alto al fuego y abrió negociación política con Manuel Camacho (p. 70).
Expone que en febrero de 1994 todos los candidatos presidenciales firmaron un pacto por elecciones limpias, con compromisos de imparcialidad y observadores ciudadanos (pp. 71-72). Precisa que las reformas de ese año fortalecieron al IFE con consejeros ciudadanos, regulación de financiamiento y reglas para observación electoral (pp. 73-75).
Menciona que el asesinato de Colosio reactivó la violencia, pero a la vez empujó nuevos acuerdos para sostener el proceso electoral (pp. 76-77). Concluye que 1994 combinó violencia y apertura, con comicios realizados bajo una tensión inédita (pp. 78-80).
5.- Woldenberg relata que Zedillo convocó en 1994 a una reforma definitiva para legitimar las elecciones (p. 74). Explica que tras conflictos y negociaciones, en 1996 se aprobó la reforma más amplia: independencia plena del IFE, fortalecimiento del Tribunal, regulación de financiamiento y acceso equitativo a medios (pp. 77-79).
Señala que las elecciones de 1997 marcaron el resultado de esos cambios: el PRI perdió la mayoría en la Cámara y emergió un Congreso plural (pp. 90-91). Concluye que ahí se consolidó la transición democrática.
6.- Woldenberg relata que en el 2000 se consolidó la transición democrática con la victoria de Vicente Fox y el fin de 71 años de presidencia priista (pp. 97-98). Explica que el proceso fue resultado de una maquinaria electoral robusta: padrón actualizado, capacitación de más de 800 mil ciudadanos y conteo transparente (pp. 98-100).
El autor señala que las campañas mostraron competencia real entre PRI, PAN y PRD, y que los medios registraron un acceso más equilibrado que en elecciones anteriores (pp. 100-102). Precisa que el 2 de julio de 2000 más de 37 millones de mexicanos acudieron a las urnas, reconociéndose el triunfo opositor sin conflictos (pp. 103-104).
Concluye que por primera vez ningún partido obtuvo mayoría absoluta en el Congreso, lo que obligó al diálogo y abrió una nueva etapa de pluralismo político (pp. 105-107).
Conclusiones
No olvidemos que durante la presidencia de José Woldenberg en el IFE se concretó la venta del padrón electoral que terminó en manos de la empresa estadounidense ChoicePoint. Como documenta La Jornada (2003), una empresa mexicana obtuvo la base de datos por 400 mil pesos y posteriormente la revendió, lo que expuso la información de millones de ciudadanos. Este hecho muestra que bajo la dirección de Woldenberg se vulneró la seguridad de los datos personales, abriendo la puerta a intereses privados y extranjeros en un ámbito estratégico para la vida democrática. Además Woldenberg en esta obra es juez y parte esto introduce una capa de legitimación a su propio papel, coloca a la transición como un proceso lineal, institucional y exitoso, resultado de acuerdos políticos y del fortalecimiento de las instituciones electorales. Sin embargo, como advierte Cansino (2009), esta visión omite que se trató de una “transición inacabada” o una pactada, caracterizada por su elitismo y su carácter meramente procedimental, lo cual limitó la participación ciudadana real y mantuvo intactas muchas estructuras de poder. Al confrontar ambas perspectivas, se revela que la Historia mínima de la transición democrática en México más que un análisis crítico, funciona como un ejercicio de legitimación de la propia trayectoria institucional de su autor.
Referencias:
José Woldenberg (2012). Historia mínima de la transición democrática en México. México: El Colegio de México.
Jornada. (2003, 2 de mayo). La empresa mexicana vendedora adquirió la base en 400 mil pesos, revela el IFE. La Jornada. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/2003/05/02/010n1pol.php
Cansino, C. (2009). La transición inacabada: Crítica a la democracia mexicana. México: Editorial Taurus.

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