Merino reconoce dos extremos de posturas ante los resultados de las elecciones del año 2000, por un lado, quienes afirmaban que la transición a la democracia estaba consolidada con el cambio en la composición del poder político en México, y por otro lado los que sostenían que la transición apenas comenzaba originando el surgimiento de herramientas teóricas y políticas que la encausaran. (p.13)
El autor plantea 3 diferencias entre lo que el autor denomina el tipo ideal de transición (transformación política-institucional del país mediate pacto de elites y ruptura con el pasado) y el particular caso mexicano. La primera es que, en lugar de ser una transición pactada, fue lo que merino llama “transición votada” la segunda es que a su juicio no hubo ruptura con el pasado, y la tercera que no se dio una transformación, ni un nuevo diseño de las reglas del juego ni las instituciones, sino que se recuperaron las existentes. (p.15)
Merino nos recuerda a Samuel Huntington y su obra: “The Third Wave” y el modelo clásico de la transición con factores clave como el pacto entre elites, la ruptura abrupta de un régimen y otro, renovación o diseño de nuevas instituciones y menciona que algunos asemejan la transición mexicana con estas características, aunque afirma que la realidad mexicana es excepcional y muy particular. (p.p.15,16,17)
Retoma que la transición mexicana no fue producto de un pacto entre elites, ni de un conflicto de origen, sino gracias a un proceso gradual de negociaciones que dieron origen a las reformas electorales, por ejemplo. (p17)
Reafirma que tampoco hubo una ruptura con el régimen anterior, sino una apertura a la oposición y tampoco hubo una nueva institucionalidad sino recuperadas, salvo por las instituciones electorales en las que el autor afirma se identifica un antes y un después. (p.p.17,18)
Merino insiste que la transición en México no tuvo características iguales que en otras transiciones. Menciona la influencia del modelo del partido hegemónico en México y como este tenía sometida a las instituciones. Afirma que la transición mexicana dio lugar a novedades como un congreso activo y un poder judicial independiente. (p.18)
El autor observa el resurgimiento de los gobiernos municipales, como una característica del fortalecimiento de las instituciones y un alejamiento del fuerte centralismo, así como un ascenso de los congresos estatales institución que, según el autor, estaba acotada. (p-19)
Destaca el fortalecimiento de los gobiernos estatales, así como el de la cámara de diputados federal y su injerencia en la vida política del país.
Enmarca la ruta de la transición votada en las tres diferencias que señalaba con anterioridad, reconoce que la transición mexicana debe afrontar aun su consolidación y no perder de vista los rasgos que la caracterizaron como la apertura a pluralidad política, el énfasis en materia electoral y el fortalecimiento de las instituciones existentes. Sostiene que la transición mexicana se basó principalmente en la interacción entre el sistema electoral y el sistema de partidos. Atribuyendo los cambios en el sistema electoral a un fortalecimiento de los partidos, iniciando en el año 1962 con la introducción del sistema mixto para la elección de diputados federales, luego en 1973 cuando se redujo el umbral para obtener diputados de partido de 2.5% a 1.5% (p-20,21)
Menciona que para otros el verdadero cambio político comenzó con la reforma de 1977 cuando se introdujo el sistema de representación proporcional y se amplio la cámara de diputados a 400, de los cuales 100 eran electos por el principio de representación proporcional y 300 por el de mayoría. La ley ordeno que se replicara el modelo mixto en las cámaras estatales y en los municipios con más de 300,000 habitantes también se ordenó la elección de regidores por el principio de representación proporcional. En 1983 esto se extendería a todos los ayuntamientos dando origen a un mayor peso político y un espacio estratégico para los partidos. El efecto que esto tuvo fue una mayor pluralidad política, sin embargo, necesaria para contener o encontrar un punto de escape a las crisis de legitimidad de partido hegemónico. En 1988 el numero de diputados federales de representación proporcional se amplia a 200 y en 1993 se elimina la clausula de gobernabilidad y dadas las sospechas que despertó la elección de Salinas de Gortari, se crea también el IFE. Finalmente, en el 1996, luego de 34 años de reformas, el IFE se independiza por completo, el tribunal electoral paso a formar parte del Poder Judicial de la Federación, y hubo un ajuste al financiamiento que permitió que el partido de oposición PAN con Vicente Fox alcanzara una cantidad similar a su principal competidor el PRI. Y se obligó a los estados a realizar modificaciones equivalentes en su propia legislación (p.p.21,22,23,24,25)
La evidencia del cambio se refleja en seis hechos: la pérdida de la mayoría priista en Diputados en 1997; el crecimiento de municipios opositores, de 39 en 1989 a más de 500 en 2000; la pluralización de congresos locales; la aparición de gobiernos divididos a partir de 1989; el aumento de senadores opositores de 1 en 1988 a 30 en 1994; y la consolidación del sistema electoral con órganos autónomos y representación proporcional (pp.25,26,27)
A juicio de merino, estos hechos, son la evidencia de que existe un antes y un después, menciona que no comienza la democracia, sino que cierra un ciclo. Aunado a esto menciona algunos problemas para la consolidación de la democracia, la capacidad de acción, decisión y vigilancia del régimen presidencial, y que estos hechos también serian un reto para la gobernabilidad, pues ya no existe la hegemonía presidencial y el partido del presidente no tiene más mayoría en las cámaras legislativas federales, y que ahora el PRI es el partido más grande de oposición lo que obliga a la negociación, reduciendo el margen de maniobra del presidente. (p.p.27,28,29)
Para el segundo capítulo, el autor afirma un proceso paralelo al de la transformación del sistema de partidos, el resurgimiento de lo local, como espacio de lucha política convirtiéndose así, los gobiernos locales y congresos estatales en actores clave para la democratización. (p.p.34,35,36)
Realiza un recuento histórico de los orígenes del federalismo, sus características, factores y contexto en el que se fundó. Reconociendo una serie de aparatos controlados desde el centro hasta la perdida del poder del partido hegemónico (p.37.38)
El autor destaca la importancia de las instituciones y su legalidad amparada en la constitución como factores que dieron lugar a la transición democrática y la lucha de los espacios políticos. Menciona que fue primero en los estados donde se dio la alternancia política con el caso de Baja California en 1989, con el federalismo como telón de fondo .(p.p.39.40)
Concluye el capitulo reafirmando que la sucesión presidencial fue el evento de mayor relevancia política, pero atribuye al federalismo los factores que permitieron la transición desde lo local. (p.44)
Para el capítulo tres nos menciona por que a su juicio el nombrar: “transición votada” a la transición mexicana nos da un marco teórico más adecuado para entender el contexto mexicano. Retoma que la transición mexicana no tuvo las características de una transición como las excomunistas. Reconoce el debate existente entre la relación entre el sistema electoral y el régimen político y su influencia reciproca para determinar las estructuras y enmarca los límites de la transición votada como por ejemplo la falta de valores políticos de la sociedad, no siendo suficiente solo un buen sistema electoral. (p.p.45,46,47,48,49)
Finaliza el capítulo concluyendo que la democracia no se agota en elecciones y que es gracias a la consolidación de las normas y las instituciones políticas que se construye continuamente. (p.56)
En el cuarto capitulo y ultimo de la primera parte del libro, resalta que la gobernabilidad es un reto que contribuye a la consolidación democrática, aspectos como la congruencia en las decisiones políticas y en las acciones gubernativas, la incorporación de nuevos actores y el rediseño de instituciones como parte del rompecabezas de la gobernabilidad. (p.p,57,58,59)
Finaliza con el esbozo de tres componentes indispensables para la gobernabilidad democrática: el componente político que se refiere principalmente a la conducción eficaz, flexible y coherente de la vida institucional lo que le llama la reforma de Estado, con legitimidad para asentarse en el poder publico con trasparencia y equidad y capacidad de consenso destacando la importancia de la cultura política y conciencia d ellos ciudadanos. (p.p.59,60,61,62)
El componente económico el cual el autor desglosa en dos piezas: 1), las relaciones económicas de México con el exterior y 2) el crecimiento financiero interno y como estas influyen en enfrentar la desigualdad y la exclusión y que la concentración de la riqueza erosiona la legitimidad del sistema democrático (p.p.62,63,64)
Y finalmente el componente administrativo que se refiere al aparato estatal profesionalizado, con servicios públicos eficientes y con capacidad de responder a las demandas sociales sin corrupción ni clientelismo, con tendencia a la descentralización y a romper cadenas estructurales de subordinación tradicionales y buscar la consolidación del servicio civil d carrera. (p.p.65,66)
Cierra mencionando que todos estos componentes forman el rompecabezas democrático, necesarios para sostener la gobernabilidad y permiten la trasformación de valores, normas, estructuras aun en proceso en México. (p.p.67,68)
Julio Alberto Duran Baez

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